Un sueño que se va haciendo realidad

Crecí escuchando que los sueños se cumplen si los deseas con fuerza. Una idea preciosa, pero a quien inventó esta frase se le olvidó comentar que entre deseo y deseo hay que trabajar muy duro.

En 2009 tuve la revelación de quien se sabe libre para dedicarse a lo que más le guste. Trabajar para vivir… vivir para trabajar. Al final, llegas a la conclusión de que no hace falta sufrir a un jefe endiabladamente sordo emocional, tener un horario rígido o, sencillamente, cumplir tareas cual robot para sentirte “buen trabajador”. También existe el mundo del emprendimiento, un apasionante y vertiginoso mundo en el que diseñas tu puesto de trabajo y con él dibujas cómo va a ser tu vida a partir de entonces.

Habiendo estudiado Psicología como punto de partida, y habiéndome especializado en psicomotricidad terapéutica por un lado y en etología clínica veterinaria por otro, decidí unir ambas pasiones (niños y animales) en una profesión. Me costó sudor, pero no sangre, encontrar a quien respondiera mis mails de ayuda. Sabía qué quería hacer, pero no sabía por dónde empezar. De este modo opté por sentarme a leer, acudir a congresos, escuchar a familias, escribir y reflexionar mucho. De este modo llegué a varias conclusiones que me llevaron a crear mi propio proyecto, único, muy personal y que conseguía sacarme una sonrisa con sólo pensar en dedicar mi vida a darle forma… Centro Integral de Terapias y Animales (CITA). Un proyecto para las personas, para los animales, para el bienestar general, para poner color donde solo hay grises, donde ser profesional sin necesidad de ser aburrido.

Una vez en 2013 la UAM nos concedió el primer premio al mejor proyecto de emprendimiento social, con una dotación económica de 3000€. Ya sólo quedaba hacerlo real. Todo lo que había moldeado en sueños ahora podría ser tangible. Lo primero y más importante era crear el equipo, un equipo que debía cumplir unos requisitos que distaban mucho del curriculum; debían ser personas apasionadas de su trabajo, teñidas de un aroma social y con una enorme profesionalidad. Lo segundo era dar forma a un proyecto que ya no sería mío, sino de todos los miembros de dicho equipo. Lo último, saber materializarlo en algo real, lo más difícil para mí: papeles, firmas, protocolos, plan de negocio…

Pero al final todo llega. Y lo mejor es que nunca termina, se mantiene vivo y debemos escuchar al proyecto como si de un paciente más se tratara. Escuchar por dónde quiere crecer, qué fortalezas tiene, qué debilidades, qué necesidades… Poco a poco nacen raíces que lo hacen más sólido. Aquel sueño lejano que un día tuve es hoy una realidad, y con este blog damos comienzo a una nueva historia, la historia de los sueños por cumplir.

Katya Vázquez Quer Presidenta de CITA y soñadora

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